Batalla espiritual

Por: Daniel Vindas

Luca Giordano,Fallen Angels

Para comprender la naturaleza de la batalla espiritual es necesario hacer un ejercicio de teología política. Los elementos políticos de las prácticas religiosas no se pueden desechar sino que se deben tomar en cuenta para lograr una reflexión integral, lo cual no significa que se deba mezclar la religión y la política de manera malsana y malintencionada. Lo primero, esta idea de luchar contra “principados y potestades” tiene su asidero no solo en la tradición apocalíptica construida unos seis siglos antes de Cristo con los textos del profeta Daniel e influenciada por concepciones orientales como las persas, entre otras; sino que es fundamental ubicarse en el año 96 de nuestra era, es decir a finales del siglo I, momento en el cual el emperador Domiciano era nada más y nada menos que la encarnación de Dios.

Así pues, el Apocalipsis es pensado a partir de un contexto hostil para Israel en el cual ya ha pasado una guerra cruel y sangrienta contra los romanos (60-70 d.C) narrada por Flavio Josefo el historiador judío en su Guerra de los judíos en el cual se enfrenta un pueblo tradicionalmente mancillado contra lo que probablemente fue el ejército más sangriento y con las estrategias militares más lúcidas y planificadas de la antigüedad. Acá es crucial la comprensión de un Dios bélico, llevada también al terreno de lo metafísico.

Por eso, al haber fracasado humanamente en su guerra contra los romanos, aquellos judíos y los nacientes cristianos-todavía difíciles de diferenciar según el historiador Tácito-recurren a elementos metafísicos y simbólicos para anunciar el reino de Dios, que no es más que un nuevo orden en el aquí y ahora. Se sigue que, la idea de una batalla espiritual que ocurrirá mil años después de la gran tribulación no es más que el desgarramiento de la impotencia de un pueblo que al no poder triunfar tras las armas recurre a un Dios metafísico para que triunfe espiritualmente, contra Satanás (el adversario) y que así por fin puedan librarse de tanto impuesto y de tanto opresión imperial.

Por lo tanto, habida cuenta de la interpretación problemática de la noción y práctica de la batalla espiritual en las iglesias cristianas actuales, de corte más neopentecostal, solo queda decir que más allá de una batalla campal entre ángeles y demonios, el origen de esta batalla está en el terreno de lo histórico y político, en el sufrimiento del hambre, la miseria y la pobreza, y en la impotencia de un pueblo subyugado, humillado y miserable ante el gran monstruo imperial. Cualquier parecido con la coyuntura costarricense actual no es del todo coincidencia, en primera instancia porque los actores principales de los movimientos religiosos evangélicos desde los 70s y 80s de Costa Rica son masas olvidadas, heridas, engañadas y empobrecidas, que desahogan a través de su guerra espiritual ese abandono social de las instituciones, gobiernos y modelos económicos tan nefastos en Latinoamérica. Irresponsable aquel que haga de la batalla espiritual un lucro, un show, un montaje y un negocio. Porque la batalla que se da contra principados y potestades, no es más que la batalla contra la injusticia, la pobreza, la violencia y el engaño, los verdaderos príncipes y aquellos que se dan la vida de reyes mientras el pueblo herido, sobre todo de nuestras costas, sigue siendo abandonado y olvidado.

Sobre el autor: M.E.T. Daniel Vindas. Académico EECR-UNA. Costa Rica. Email: [email protected]

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